Alzheimer precoz

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Según la OMS, en el año 2015 se estimaron casi 50 millones de personas bajo el padecimiento del Alzheimer. Esta enfermedad tan demoledora, representa siempre una noticia impactante no sólo para el paciente, sino también para la propia familia y las personas a su alrededor. Peor aún resulta cuando se detecta en individuos que no alcanzan los 65 años de edad, pasando a denominarse Alzheimer precoz. Según las estadísticas, el 10% de los pacientes con esta enfermedad neuronal degenerativa suelen experimentarlo de manera temprana, razón por la cual es importante contar con el asesoramiento indicado, no sólo para conocer los síntomas más recurrentes, sino también como un modo de prepararse y enfrentar la etapa tan devastadora que se avecina.

Alzheimer precoz y Alzheimer familiar

Cuando existen antecedentes familiares y la enfermedad comienza a manifestarse tras alcanzar los 65 años de edad, podemos decir que estamos ante un caso de Alzheimer familiar o de tipo hereditario, mientras que, cuando toma lugar en edades más tempranas y no existen predisposiciones genéticas, se suele reconocer como Alzheimer precoz. En el primer caso, esta patología se encuentra relacionada con el funcionamiento anormal de tres genes en el organismo (presenilina I y II, y beta amiloide). Evidentemente, y aunque el diagnóstico de la enfermedad es siempre bastante devastador, el Alzheimer precoz guarda un mayor impacto para la vida de las personas afectadas, puesto que aún son activas laboralmente y desafortunadamente deciden acudir al médico cuando la enfermedad se encuentra en un estado bastante avanzado (en la mayoría de las ocasiones los síntomas se evidencian tras unos 20 años de acontecida la enfermedad).

¿Cómo detectarlo?

Muchos especialistas en la materia le otorgan al Alzheimer el sobrenombre de “enfermedad silenciosa”, puesto que los síntomas se manifiestan de manera tardía, sin que ello vaya a la par del daño cognitivo.

Las primeras fases de esta patología degenerativa se caracterizan por una pérdida sustancial de la memoria. La persona afectada podrá experimentar escenarios en los que suele olvidar las fechas más importantes o los compromisos inmediatos. Al mismo tiempo, tampoco será capaz de asimilar nuevas informaciones, al menos no de la manera en que acostumbraba a hacerlo.

Es normal que, a lo largo de nuestra vida, nos ocurran situaciones en las que olvidamos el nombre de una persona en particular o tal vez un aniversario, pero la diferencia con respecto al Alzheimer es que esta enfermedad puede convertir estos hechos aislados en escenarios frecuentes y muy desagradables.

Del mismo modo, el enfermo podrá mostrar dificultad para realizar un plan de actividades en un orden lógico (efectuar las cuentas del mes, llevar a cabo una receta de cocina, etc.). En estos casos la concentración se ve afectada constantemente y se hace muy complejo realizar actividades rutinarias en el hogar o la oficina.

En algunas ocasiones, una persona con Alzheimer podrá olvidarse por completo del lugar donde se encuentra o la forma en que llegó allí. Sin embargo, es más común que no recuerde la fecha o no sea capaz de percibir el paso del tiempo. Con respecto a la comunicación, esta se ve afectada de manera paulatina, comenzando por olvidar palabras comunes y nombres de personas allegadas, hasta no ser capaz de sostener una conversación fluida y repetir las mismas ideas constantemente.

Finalmente, el Alzheimer precoz también se caracteriza por cambios de humor repentinos. De esta forma, la persona podrá adoptar actitudes paranoicas, y sentirse confundido o deprimido la mayor parte del tiempo. La irritabilidad y la ansiedad son emociones muy comunes desde las primeras etapas de la enfermedad.

Tratamiento y pronósticos

Conocer estos síntomas y advertirlos tempranamente puede ayudar a la efectividad del tratamiento contra el Alzheimer precoz. En este sentido, la familia del enfermo juega un papel decisivo, pues además de los fármacos y los tratamientos clínicos, el apoyo emocional de sus allegados puede significar una ventaja sustancial a la hora de tratar y enfrentar el Alzheimer. Con respecto a los medicamentos, existen una gran variedad de inhibidores de colinesterasa que se prescriben con la intención de retrasar los efectos de la enfermedad, como por ejemplo la rivastigmina, el donepezilo y la galantamina.

Según los estudios realizados, el Alzheimer precoz puede afectar a las personas por debajo de los 30 o 35 años, algo que sin duda, representa un evento muy crítico para ellas. Por tal razón, hoy en día se ponen en práctica numerosas pruebas y ensayos clínicos destinados a retrasar los efectos de esta patología tan severa. Por ejemplo, uno de los tratamientos consiste en la suplementación de medicamentos que suprimen la existencia de anticuerpos antiamiloides, para luego tratar directamente con la proteína amiloide, causante de numerosas enfermedades degenerativas.

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