¿Qué es el Alzheimer?

¿Qué es el Alzheimer?

En el año 2015, la Organización Mundial de la Salud estimó que alrededor de 50 millones de personas en el mundo padecían de Alzheimer, previendo que para el 2050, esta cifra podría incluso triplicarse. Desafortunadamente, hoy en día no existe cura para este tipo de patología degenerativa, por lo que es importante conocer sus factores de riesgo, síntomas más comunes y sobre todo, cómo evitarla. Aquí podrás encontrar toda la información que necesitas al respecto.

Al igual que el Parkinson o la esclerosis múltiple, la enfermedad de Alzheimer o DSTA (demencia senil de tipo Alzheimer), es una enfermedad neurodegenerativa que representa el 75% de los casos de demencia en la población mundial. Se caracteriza por ser una patología de lenta evolución y progresiva, e incluso, puede llegar a ser totalmente asintomática durante las primeras fases o etapas. El Alzheimer incide negativamente sobre ciertas áreas del cerebro encargadas del raciocinio, la conducta, la memoria, el lenguaje, el pensamiento abstracto y las emociones.

Para una mayor comprensión de esta enfermedad neurológica, los especialistas médicos reconocen dos tipos principalmente: Alzheimer precoz, que suele ocurrir entre los 50 y 65 años de edad, incluso antes, y el Alzheimer familiar, asociado a la predisposición genética de las personas a padecer esta patología. Como mencionábamos al principio, el Alzheimer es mucho más común de lo que algunas personas piensan (tan sólo en Estados Unidos lo padecen unas 5.4 millones de personas).

Tampoco podemos olvidar que el impacto de esta enfermedad no sólo alcanza al enfermo, sino también a las personas que conviven en su hogar, por lo que es importante prepararse y conocer cómo enfrentarla.

Causas del Alzheimer

Al día de hoy, no existe una causa específica a través de la cual pueda detectarse la enfermedad de Alzheimer. Partiendo de una base multifactorial, en la que se incluyen tanto causas ambientales como hereditarias, podemos mencionar a continuación los principales factores de riesgo para esta patología:

Edad: Cada cinco años, el riesgo de padecer de Alzheimer se duplica, más aún si se posee predisposición genética. Cuando una persona arriba a los 65 años de edad la probabilidad es de un 10%.

Herencia familiar: Según los estudios científicos, una persona cuyo padre o hermano padezca de Alzheimer, tendrá mayores probabilidades de desarrollar esta patología, más aún si se manifiesta en ambos padres.

Traumatismos craneales: Un accidente cerebral o una lesión de cabeza no es suficiente para padecer de Alzheimer, aunque se ha demostrado que estos escenarios aceleran la aparición de la enfermedad.

Nivel educativo: También se ha demostrado que aquellas personas con un grado de escolarización bajo pueden tener más riesgos de desarrollar el Alzheimer, un hecho vinculado a la plasticidad neurológica.

Alimentación: Aunque no lo parezca, las dietas ricas en sodio, o basadas en alimentos de gran aporte calórico también se consideran un factor de riesgo, al igual que el consumo de ácidos grasos polinsaturados, como el Omega 6.

Otras causas: De manera general, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad y algunos trastornos genéticos como el síndrome de Down, son causas probadas que pueden conducir a padecer de Alzheimer.

Síntomas del Alzheimer

En las actividades de la vida diaria es donde más se manifiestan los síntomas del Alzheimer. Aunque los descuidos y la desorientación son comunes en las personas de la tercera edad, es importante prestar atención a la frecuencia con la que acontecen estos escenarios. Para ello, listaremos a continuación los síntomas más evidentes del Alzheimer.

Incapacidad para ejecutar tareas: Cualquier persona puede equivocarse esporádicamente cuando realiza un simple cálculo, pero el Alzheimer priva a las personas de la capacidad de realizar tareas sencillas, como ejecutar una receta de cocina, llevar la cuenta de las compras, etc.

Dificultad para asimilar nuevas informaciones: Cuando se padece esta enfermedad neurodegenerativa, es común que las personas no sean capaces de memorizar una información nueva u olviden por completo los eventos más importantes.

Apraxia: Se le denomina así a la dificultad para llevar a cabo actividades motoras. Con el tiempo, esta habilidad se deteriora en el paciente, llegando a volverse totalmente dependiente (no es capaz de sentarse, incorporarse o caminar).

Desorientación: En la mayoría de las ocasiones, las personas con Alzheimer no serán capaces de explicar cómo han llegado al lugar en que se encuentran, y en el peor de los casos, no podrán reconocer la fecha actual o el paso del tiempo.

Problemas de visión: La catarata es una enfermedad que afecta a una buena parte de la población anciana en nuestro planeta, pero no se encuentra relacionada con el Alzheimer. En cambio, no ser capaz de determinar las distancias o los colores, sí se considera un indicio claro de esta enfermedad.

Dificultad para expresarse (Afasia): Una de las áreas del cerebro que más afecta el Alzheimer es la relacionada con la comunicación. Una persona con Alzheimer comenzará olvidando palabras comunes o nombres de personas allegadas hasta reducir su vocabulario por completo y expresarse por medio de señas.

Agnosia: La agnosia es la incapacidad para percibir y reconocer los objetos del entorno. Si bien es común extraviar objetos y no recordar dónde se encuentran, sí es preocupante que estos escenarios sucedan con frecuencia, o peor aún, que se olvide completamente para qué se utilizan.

Reclusión social: Dominados por un sentimiento de frustración y vergüenza, las personas con Alzheimer también rechazan cualquier evento social o de carácter familiar.

Cambios repentinos de ánimo: El enojo, la depresión, la confusión y la ansiedad son síntomas típicos del Alzheimer.

Fases del Alzheimer

Para poder efectuar un diagnóstico acertado, los especialistas médicos clasifican el desarrollo del Alzheimer en tres etapas o fases principales:

Fase leve: Apenas se evidencian cambios significativos. El paciente mantiene su autonomía y es capaz incluso de conducir un automóvil, pero acontecen esporádicamente situaciones de despiste, cambios imprevisibles de humor, dificultades a la hora de planificar o llevar a cabo una tarea, rechazo social y una ligera lentitud para asimilar contenidos y expresarse.

Fase moderada: La segunda fase del Alzheimer agudiza los síntomas antes mencionados. La persona se vuelve más dependiente, reduce significativamente su vocabulario, se desorienta con facilidad, no es capaz de tomar decisiones y asume un comportamiento cada vez más errático.

Fase severa: Durante esta última fase, el individuo no es capaz de reconocer a sus familiares más cercanos, su dependencia es total y apenas puede alimentarse por sí solo. Sus habilidades motoras se han reducido al mínimo, al tiempo que sólo logra comunicarse por señas y gestos. La debilidad física también es un rasgo característico de esta etapa.

Diagnóstico del Alzheimer

Para poder determinar el Alzheimer de manera temprana, es importante que las personas, especialmente aquellas con herencia genética, sepan determinar a tiempo los síntomas y acudan al médico para obtener el tratamiento más adecuado. El apoyo de la familia y amigos es fundamental en estos casos, ya que las personas afectadas, generalmente, no notan los primeros cambios.

Para establecer un diagnóstico certero, será preciso contar además con el apoyo de un equipo médico multidisciplinario que involucre a neurólogos, psicólogos y psiquiatras. En un primer acercamiento, el equipo médico verificará los síntomas más evidentes de la enfermedad, como por ejemplo si es capaz de ubicarse en el tiempo y el espacio, memorizar frases pequeñas y realizar cálculos simples.

Seguidamente, podrá establecerse un examen físico para determinar la presión arterial y conocer las afectaciones que pueda estar causando su alimentación. El examen neurológico (resonancias magnéticas y tomografías) también forma parte de las herramientas básicas de diagnóstico para el Alzheimer, en aras de determinar la presencia de derrames cerebrales, tumores u otros tipos de demencia como el Parkinson.

A partir de un resultado positivo, el doctor podrá comenzar a establecer medidas encaminadas a retrasar la enfermedad.

Tratamiento del Alzheimer

Si bien, actualmente no existe una cura efectiva para el Alzheimer, sí podemos contar con tratamientos muy eficaces que permiten reducir los síntomas asociados a esta enfermedad y reducir su desarrollo.

Como parte del tratamiento farmacológico, las personas podrán preservar en mayor medida sus capacidades cognitivas y conductuales. En otras palabras, la prescripción de estos fármacos se encuentra encaminada a reforzar las sinapsis neuronales (uniones intercelulares entre neuronas) de los pacientes, favoreciendo las actividades neurotransmisoras de su cerebro y promoviendo así el mantenimiento de sus habilidades básicas. Al mismo tiempo, este tratamiento también guarda la misión de estimular la autoestima en estas personas.

Entre los medicamentos más destacados se encuentran los moduladores de glutamato o más popularmente Memantina, reservado para las fases más avanzadas de la enfermedad. Su uso principal se encamina a preservar la memoria y el aprendizaje. Además, también se utilizan los inhibidores de acetilcolinesterasa, una enzima presente en los tejidos nerviosos que puede ser manipulada para reducir la degeneración del cerebro.

Aparte de la vía farmacológica, en el tratamiento del Alzheimer también intervienen otras estrategias para retrasar el desarrollo de esta patología. El principal objetivo en este caso es la estimulación de la plasticidad neurológica, y ello se logra a través de la estimulación cognitiva. Actividades con animales, talleres de grupo, rehabilitación logopédica y psicomotora, ejercicios de cálculo, lenguaje y concentración, e incluso musicoterapia, son algunos de los ejemplos más destacados en este sentido.

Por último, se considera que la participación y el compromiso de los familiares del paciente resulta imprescindible para llevar a cabo un tratamiento efectivo. Potenciar la autonomía y contribuir a estimular su autoestima son factores que contribuyen satisfactoriamente al retraso del Alzheimer.