La enfermedad
¿Qué síntomas puede causar?
Síntomas
No se puede decir lo que es la “típica” persona con Alzheimer. Existe una gran variedad entre la gente con AD, en cuanto a sus comportamientos y síntomas. En la actualidad, no hay una forma de predecir qué tan rápidamente progresará la enfermedad en una persona, ni de predecir los cambios exactos que van a ocurrir. Sabemos, no obstante, que muchos de estos cambios
constituirán un problema para quienes cuidan al enfermo. Por consiguiente, el conocimiento y la prevención son críticos para la protección del hogar.
Las personas con AD tienen problemas de memoria e impedimentos cognoscitivos (dificultades para pensar y razonar), y eventualmente no estarán en capacidad de cuidar de sí mismos. Pueden experimentar confusión, pérdida del juicio y dificultad para encontrar las palabras, completar las ideas o seguir instrucciones. También pueden experimentar cambios de
personalidad y comportamiento. Por ejemplo, pueden tornarse agitados, irritables o muy pasivos. Algunos pueden deambular fuera de casa y perderse. Es posible que no puedan ver la diferencia entre el día y la noche, y que se levanten, se vistan y salgan de la casa en medio de la noche, convencidos de que el día acaba de empezar. Pueden sufrir pérdidas que
afectan la visión, el olfato o el gusto.
Estas incapacidades son muy difíciles, no solamente para la persona que padece de AD, sino para quien la cuida, para la familia y para otros seres queridos. Los encargados del cuidado de la persona enferma necesitan los recursos y la reafirmación de que aunque el reto sea grande, existen acciones específicas que se pueden tomar para reducir algunos de los riesgos de seguridad que acompañan la enfermedad de Alzheimer.
Funciones afectadas
La memoria es el sistema cognitivo que nos permite aprender, guardar y recuperar episodios de nuestra vida, acontecimientos, hechos, habilidades personales y conocimiento. No existe una sola memoria, sino varias memorias que, clínicamente, podemos diferenciar entre sí:
- Memoria inmediata: de capacidad y duración temporal limitada.
-Memoria reciente: nos permite retener información nueva y construir nuevos recuerdos.
- Memoria remota: configurada por todas nuestras experiencias. En ella podemos distinguir la memoria episódica (autobiográfica), la memoria semántica (sobre los conocimientos adquiridos) y la memoria de las habilidades sensorio-motoras (ir en bicicleta, nadar, planchar, coser, cocinar, conducir, etc.).
- La persona con enfermedad de Alzheimer sufre cambios en su capacidad amnésica. Empieza a tener olvidos en cuanto a hechos recientes. Olvida lo que acaba de suceder y, en cambio, es capaz de recordar con precisión detalles de su vida pasada.
- Siempre saca los mismos temas. Cada dos minutos pregunta lo mismo.
- Va a comprar y olvida cosas, o compra aquellas que no necesita.
- Se olvida de fechas y citas señaladas, compromisos sociales, direcciones y teléfonos familiares, nombres de amigos y conocidos, etc.
- No encuentra documentos, objetos de valor o utensilios de uso dia-rio que él mismo ha guardado, generalmente, en sitios poco habituales.
- Tiene problemas en el manejo de los electrodomésticos comunes (lavadora, lavavajillas, mando de la televisión y vídeo, calentador de gas, calefacción, programación de la alarma, microondas) o del ordenador.
- No recuerda partes importantes de conversaciones recientes.
- Olvida o confunde ingredientes cuando cocina; simplifica los menús diarios, que se hacen reiterativos.
- Omite encargos o recomendaciones total o parcialmente.
- Comete errores con el dinero (no controla los cambios en la compra, las gestiones bancarias, gasta más de lo ordinario, etc.).
- Tiene grandes dificultades para aprendizajes complejos.
- Pregunta reiteradamente lo que ha de hacer y repite lo que ha hecho.
La orientación en tiempo, espacio y persona es el conocimiento que tiene el individuo de su entorno. Es un concepto heterogéneo que relaciona varias capacidades cognitivas, como la atención, la vigilancia, la memoria reciente, el
conocimiento autobiográfico y la proyección en el futuro.
La persona que padece Alzheimer empieza a presentar una leve desorientación en el tiempo, y más tarde en el espacio, sobre todo en lugares no habituales. En un principio, se considera que no atiende y no se fija.
Carece de importancia el hecho de que no sepa el día del mes o de la semana, puede ser un despiste tonto. Pero si estos olvidos se mantienen en el tiempo y van perdiéndose más fechas (la fecha de nacimiento, la edad de los hijos y
así sucesivamente), la desorientación temporal y espacial convertirán en dependiente al enfermo.
- Puede tener problemas en los transportes públicos o en la conducción del coche (se desorienta y se pierde con facilidad en rutas no habituales o en cambios de señalización, disminuye su habilidad y rapidez de respuesta ante imprevistos).
- Puede confundir el día de la semana, el mes o la estación del año.
- Le cuesta interpretar la hora en el reloj
- Se le hace difícil orientarse fuera de su entorno habitual, por lo que
fácilmente se pierde.
El lenguaje es la función humana que permite la comunicación entre individuos. Las personas aprenden a hablar, es decir, a producir palabras, mediante un sistema o código de signos interpretables para ellos y que se
adquiere mediante un aprendizaje particularmente largo.
En la enfermedad de Alzheimer, el lenguaje se va deteriorando progresivamente. El paciente empieza por expresarse mediante frases más cortas y más simples, con un vocabulario más pobre, como si utilizara un reducido diccionario de bolsillo y tuviera dificultad para encontrar una palabra concreta, alteración que se conoce por anomia. Además, presenta problemas en la construcción gramatical y en la comprensión del lenguaje, tanto oral como escrito, que deja de utilizar espontáneamente.
- Tiene dificultad para seguir el hilo conductor de un programa televisivo, de una conversación con varios interlocutores, o la lectura de un libro o de un artículo del periódico.
- Tiene problemas en encontrar la palabra adecuada para definir algo.
- Confunde una palabra con otra.
- Articula frases cortas y mezcla ideas fuera de contexto.
- Si explicamos un relato largo o complejo, puede no comprenderlo bien y
cambiar su contenido o finalidad.
Las praxias se relacionan con los gestos y la construcción, la ejecución del movimiento y el comportamiento. La afectación de las praxias se caracteriza por la alteración del control voluntario de los movimientos intencionales, de lo que uno quiere hacer. En la enfermedad de Alzheimer se observan diferentes grados de apraxia según el estadio evolutivo en que se encuentre la
enfermedad.
En la fase inicial se alteran las capacidades constructivas, lo que supone una simplificación de las tareas motoras complejas, como hacer bricolaje, macramé, realizar o copiar un patrón de costura, copiar un dibujo, recortar.
En estadios más avanzados aparecen las apraxias gestuales, donde la dificultad está en imitar gestos simbólicos, perder la mímica de cómo afeitarse, peinarse, doblar una carta y meterla en un sobre, o bien manipular objetos comunes y realizar actividades cotidianas como equivocarse en el vestirse, en la secuencia de hacer la cama o poner la mesa. En los estadios
moderadamente graves y graves la persona no sabe vestirse ni desnudarse, ni realizar su higiene personal y tampoco utiliza los cubiertos para comer ni sabe usar el vaso.
La función cognitiva que permite percibir y reconocer la forma y las características físicas de las personas y objetos de nuestro entorno se denomina función gnósica. La disfunción se denomina agnosia y consiste en la alteración del reconocimiento del mundo que nos rodea, ya sea por entrada visual, auditiva, táctil, olfativa, o del reconocimiento del esquema corporal, sin que los sentidos de la vista, la audición o la sensibilidad táctil estén maltrechos.
Al inicio puede aparecer una dificultad en el reconocimiento de estímulos visuales complejos y en su organización espacial, como es entender o dibujar un reloj, o confundir la puerta de la nevera con la puerta de la cocina, o el cepillo de los dientes con el peine. No saben que están enfermos, ni entienden lo que les pasa. No reconocen lo que les sucede como síntomas de la
enfermedad. La progresión de la enfermedad los llevará a no reconocer las caras ni a las personas.
Se empieza por los vecinos y amigos, para acabar no reconociendo a los parientes próximos, a los propios nietos, a los hijos o al propio cónyuge. Más tarde, ni siquiera se reconocerán a ellos mismos en una foto o en el espejo, y se asustarán ante un personaje tan desconocido, o lo confundirán con su padre, mujer, hermanos o hijos, provocando situaciones de desasosiego,
intranquilidad, angustia, pánico y agresividad en muchos casos.