Fases del Alzheimer

Fases del Alzheimer
Comparte en tus redes sociales:Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+

Cuando una persona es diagnosticada con Alzheimer, tanto ella como las personas a su alrededor necesitan conocer los cambios venideros que comenzarán a tomar forma en su vida futura. La planificación y la comunicación son dos factores esenciales que permitirán sobrellevar esta devastadora enfermedad.

Si en un primer comienzo se evidencian cambios de comportamiento y de ánimo, más adelante los escenarios de demencia se volverán cada vez más frecuentes, hasta que el paciente se convierta en una persona totalmente dependiente. Para poder identificar el progreso de esta patología, los especialistas médicos clasifican o dividen la enfermedad de Alzheimer en tres etapas o fases significativas.

¿Para qué sirven estas fases?

A través de las fases del Alzheimer, el médico podrá determinar, al momento del diagnóstico, cuál es el estado actual de la enfermedad, además de indicar los medicamente pertinentes para cada caso, como por ejemplo los inhibidores de colinestera muy comunes en las primeras etapas. A medida que la enfermedad avanza, tanto el paciente como su familia podrán prepararse para los cambios y manifestaciones venideras.

El Alzheimer y el cerebro

A grandes rasgos, el Alzheimer es una enfermedad degenerativa que incide negativamente en las conexiones neuronales, causando la muerte de las células en el sistema nervioso de manera gradual. Aunque no existe una causa específica para el Alzheimer, los estudios ponen de relieve que se trata de un conjunto de factores de riesgo relacionados con la edad, la predisposición genética, el tabaquismo o el sobrepeso, entre otros.

Fases o etapas del Alzheimer

Fase ligera

La fase ligera se caracteriza por una perdida anormal de la memoria. En estos casos, el paciente es capaz de extraviar sus llaves con facilidad u olvidar las citas y fechas más importantes. Al mismo tiempo, las personas con Alzheimer se ven afectadas a la hora de mantener una conversación fluida, ya que olvidan con facilidad las palabras más comunes y los nombres de personas allegadas.

Del mismo modo, pueden presentarse escenarios en los que el paciente experimenta cambios de humor repentino. Enojo, frustración, aislamiento social o desgana, son algunos de los síntomas más comunes dentro de esta etapa. Generalmente, repetirá las mismas ideas, sus frases se volverán más cortas y no será capaz de distinguir el hilo central de una conversación.

Aun así, una persona bajo la primera etapa de Alzheimer podrá coordinar sus movimientos físicos para conducir vehículos, vestirse o comer solo, y realizar tareas cotidianas simples, aunque puede sufrir desorientaciones esporádicas, pérdida de la noción del tiempo y dificultad para tomar decisiones.

Cuando estos síntomas se presentan, los familiares deben alentar al enfermo a buscar el asesoramiento indicado, además de proveer el apoyo emocional adecuado y asistirlo cuando lo requiera.

Fase moderada

Ya bajo la segunda fase o fase moderada, una persona con Alzheimer puede no ser capaz de recordar su última comida, abandonar a sus amigos, recluirse, y olvidar con facilidad cualquier suceso recientemente acontecido (un fallecimiento, un matrimonio, un nacimiento, etc.). Curiosamente, sí podrá recordar hechos lejanos, aunque no la fecha exacta.

Sobre esto último, un paciente de Alzheimer podrá preguntar por un familiar fallecido o solicitar la presencia de un amigo de la infancia. En cuanto a su comportamiento, los pacientes manifestarán conductas agresivas, especialmente a la hora de acusar a las personas sobre los objetos que él mismo no puede encontrar.

Al depender de otras personas se sentirá frustrado e impotente, por lo que es común que se irrite con facilidad. Además, podrá sentir miedo ante sucesos cotidianos (cuando tocan a la puerta o si prenden el televisor, etc.). Por otra parte, la coordinación y la movilidad se vuelven más erráticos: no es capaz de sostener los cubiertos, sufre de caídas constantes al caminar, aparecen temblores y espasmos musculares, entre otros ejemplos. Finalmente, el paciente reduce su vocabulario y apenas habla.

Para la segunda fase, es necesario establecer una vigilancia constante por parte de los cuidadores, en aras de evitar cualquier peligro y asistirlo cada vez que lo necesite.

Fase severa

En la última fase o etapa de la enfermedad del Alzheimer, los síntomas descritos anteriormente se agudizan. El enfermo no es capaz de reconocer a sus hijos o a su cónyuge, aunque mostrará cierta confidencialidad y conexión emocional con su cuidador, un aspecto muy importante para él y quienes le rodean.

Al mismo tiempo, la persona no podrá recordar ningún acontecimiento del pasado o del presente, y constantemente mostrará un estado de ánimo impredecible (llantos repentinos, gritos, agitación, etc.). En la mayoría de los casos, será incapaz de reconocer o entender una situación determinada, y su lenguaje se limitará al uso de expresiones corporales o señas y un número muy reducido de palabras.

En el aspecto físico, los pacientes con Alzheimer en la tercera fase o fase severa, serán totalmente incapaces de coordinar sus movimientos. El cuidador, deberá entonces encargarse de levantarlo, sentarlo o ayudarle a andar. En algunos escenarios, el paciente no será capaz de tragar, llegando a padecer incluso de incontinencia.

Al tener que pasar la mayor parte del tiempo en su cama, el paciente podrá sufrir llagas y complicaciones respiratorias y urinarias. Generalmente, la muerte acontece a raíz de enfermedades vinculadas al Alzheimer, como por ejemplo el cáncer o algún accidente de tipo cardiovascular.

Comparte en tus redes sociales:Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+