Diferencia entre Alzheimer y demencia senil

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Dentro de los tipos de demencia más comunes existe la demencia vascular, la demencia por arterioesclerosis, las demencias frontotemporales, la demencia de cuerpos de Lewy, y finalmente, la demencia senil y el Alzheimer.

Aunque comparten ciertas similitudes, estas dos últimas no significan lo mismo. Por solo poner un ejemplo, algunos especialistas no consideran la demencia senil como una enfermedad propiamente dicha, sino un deterioro natural de las capacidades cognitivas de las personas al alcanzar cierta edad.

En cambio, el Alzheimer sí se considera una patología y guarda efectos devastadores tanto para el paciente como las personas a su alrededor.

Entendiendo la demencia senil

Como mencionábamos anteriormente, la demencia senil no se considera una enfermedad, sino una pérdida progresiva de las capacidades mentales. En este sentido, la conducta, la percepción de los objetos y su entorno, así como la práctica de actividades cotidianas, se ven afectadas por este hecho.

Una persona que padece de demencia senil necesitará ser supervisada constantemente, ya que ha perdido su autonomía y su habilidad para realizar acciones como bañarse, vestirse o comer. Al mismo tiempo, la memoria del paciente se ve considerablemente reducida, siendo totalmente incapaz de asimilar nuevas informaciones o recordar hechos del pasado (amnesia anterógrada y retrógrada).

Además de lo anterior, es común que las personas con demencia senil acostumbren a caminar sin rumbo, y se evidencia una pérdida de la realidad (pueden desnudarse completamente frente a los familiares si sienten calor).

Dentro de las causas más comunes para la demencia senil se encuentran la edad y el efecto de algunas enfermedades como el Parkinson, el síndrome de Down o los tumores vasculares.

Entendiendo el Alzheimer

En cuanto al Alzheimer, este si se considera una enfermedad neurodegenerativa. Aunque no existe cura para este padecimiento, y su origen responde a un conjunto de factores diversos, existen tratamientos muy eficaces que pueden ayudar a retrasar su desarrollo.

Las personas diagnosticadas con Alzheimer tienen una esperanza de vida entre 10 y 15 años, ya que los síntomas propios de esta patología pueden conducir a la muerte por accidente cerebrovascular, cáncer o infecciones respiratorias.

Además, el Alzheimer guarda un factor de riesgo hereditario, basado en mutaciones genéticas dominantes que afectan la descendencia de estas personas. Divido en tres fases o etapas, el Alzheimer se caracteriza por un momento inicial en el que se pierde gradualmente la capacidad de realizar tareas cotidianas, entablar una conversación o conducir un vehículo.

Posteriormente, el vocabulario del paciente se ve limitado enormemente, su dependencia se hace cada vez mayor y apenas es capaz de interiorizar la fecha o el lugar donde se encuentra.

A modo de resumen

El Alzheimer y la demencia senil son trastornos neurológicos de tipo irreversible. Estos padecimientos degenerativos afectan la capacidad cognitiva del individuo, interviniendo en sus funciones orgánicas y su autonomía.

No obstante, la demencia no es considerada una enfermedad, mientras que el Alzheimer sí guarda un carácter patológico. Al mismo tiempo, la medicina ha logrado determinar las causas específicas de la demencia senil, mientras que, en el caso del Alzheimer, no se ha podido establecer un factor de riesgo definitivo que explique la aparición de esta enfermedad.

Además de ello, la demencia senil no causa la muerte directa del paciente, mientras que aquellas personas con Alzheimer tendrán una expectativa de vida de tan sólo 10 años.

En cuanto a la edad biológica en la que puede presentarse la enfermedad senil, esta sólo se manifiesta a partir de los 65 años de edad (razón por la que muchos especialistas desechan el término “senil”), mientras que el Alzheimer puede tomar lugar en edades más tempranas, incluso en personas que apenas alcanzan los 30 años de edad (Alzheimer precoz).

Por todo lo anterior, podemos concluir que se trata de escenarios similares pero que guardan diferencias en cuanto a su evolución, sus síntomas y sus características.

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