Cerebro con Alzheimer, cambios y evolución

Cerebro con Alzheimer, cambios y evolución
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Imaginemos por un momento que nuestro cerebro es como Internet: una gran red de ordenadores y dispositivos móviles conectados alrededor del planeta, cada uno de ellos realizando tareas diversas como subir fotos, comunicarse, ver videos, consultar un artículo en Wikipedia.

Ahora imaginemos que un potente virus penetra en la red. Poco a poco, cada terminal pierde la conexión y cada vez son menos personas conectadas, y por supuesto, menos tráfico de información. Similarmente ocurre con nuestro cerebro cuando se enfrenta a la enfermedad de Alzheimer.

Nuestras neuronas dejan de comunicarse entre ellas y con el tiempo, actividades tan simples como apreciar una fotografía, entablar una conversación o recordar un hecho del pasado se vuelven cada vez más complejas.

¿Cómo evoluciona el Alzheimer?

La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo irreversible y de lento desarrollo, capaz de afectar áreas de nuestro cerebro tan esenciales como la conducta, la memoria o el aprendizaje. Para ilustrar mejor este aspecto, los especialistas médicos proponen un esquema de tres fases, aunque se ha podido comprobar que el Alzheimer guarda etapas iniciales asintomáticas, por lo que en muchas ocasiones es detectado demasiado tarde.

De manera general, durante la fase leve de esta enfermedad, los marcadores biológicos advierten ciertos cambios en las proteínas APP (proteína precursora amiloidea), elementos que regulan la sinapsis neuronal y la plasticidad del cerebro. A lo largo de esta fase, las neuronas sufren un deterioro considerable, interrumpiendo el intercambio de mensajes, alojando placas seniles y provocando una degeneración progresiva del tejido cerebral.

¿Qué son las neuronas?

Las neuronas son unidades celulares del sistema nervioso, a cargo del impulso nervioso y la recepción de estímulos en nuestro cuerpo. Básicamente, estas células se dividen en Axón (extremo principal que permite conectarse con otras neuronas), Soma (cuerpo en forma de estrella típico de estas células), y Dendrita (prolongación ramificada a través de la cual se recibe la información recibida por los axones).

¿Cómo se activa una neurona?

Las neuronas no podrían activarse sin la intervención de los mediadores químicos, o dicho de otra manera, neurotransmisores, moléculas capaces de excitar a las neuronas para transmitir una información o recibirla. Al mismo tiempo, existe un tercer componente involucrado en el buen funcionamiento del cerebro: la sangre. Portadora de oxígeno, glucosa y proteínas enzimáticas, la sangre también participa en las reacciones bioquímicas que toman lugar entre una neurona y otra.

El Alzheimer: enfermedad silenciosa

Así denominan muchos especialistas a esta enfermedad tan destructiva. La razón de esto, radica en que puede desarrollarse en nuestro organismo muchos antes de notar los primeros síntomas. Como mencionábamos al principio, la sustancia amiloide, asociada al Alzheimer, puede acumularse en nuestro cerebro de manera gradual, y solo cuando presenta una determinada concentración, podrán manifestarse los primeros cambios a nivel cognitivo en el paciente. De este modo, se puede hablar de Amiloidosis activa (se acumula sustancia amiloide de manera progresiva), amiloide estable (la acumulación cesa), y deterioro cognitivo (cuando la Amiloidosis comienza a manifestarse).

El cerebro pierde espacio

A medida que el tiempo avanza, la corteza cerebral, encargada de las funciones intelectuales, pierde espacio y se encoge al igual que el hipocampo, dando lugar a un agrandamiento de los espacios del cerebro. Al reducir su superficie, un cerebro afectado por el Alzheimer comenzará a perder la memoria (uno de los síntomas más evidentes de esta enfermedad), algo que podrá evidenciarse cuando nuestro familiar no es capaz de recordar dónde se encuentra el supermercado o cómo se utiliza el horno microondas.

Posteriormente, una segunda fase apunta a la muerte de estas células cerebrales, con la consiguiente degeneración del cerebro. Son comunes las desorientaciones en el tiempo, la falta de autoestima y la manifestación de reacciones agresivas, depresivas y de ansiedad. El lenguaje es otro de los aspectos que se ven afectados, la habilidad de razonar y emitir criterios lógicos, e incluso, la capacidad para reconocer objetos, colores y distancias.

¿Qué pasa después?

Finalmente, durante la tercera etapa, el paciente afectado por el Alzheimer reduce significativamente su capacidad para pronunciar palabras, aunque el rasgo principal de esta fase es la pérdida prácticamente total de la movilidad. La persona no es capaz de caminar, sentarse o incorporarse, por lo que se vuelve completamente dependiente. Al mismo tiempo, se muestran cambios repentinos de humor, pérdida de la identidad, y finalmente, muerte por accidente cardiovascular, infección respiratoria o cáncer.

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